Textos

“HALAL LOVE HARAM”

Galería Nuble (20 Mayo 2011)

El universo poético y visual de Violeta Caldrés está configurado por una multitud de seres que nos remiten a los mundos de nuestras infancias. Hay en su manera de hacer un decidida voluntad por manifestarse  como nos gusta suponer que fuimos durante una edad en la que no teníamos malicia, ni rencor, ni sombras oscuras que manchaban nuestras frentes. Su caligrafía remite a un mundo de dormitorios pre-adolescentes, colores amables, densidad icónica, aparente desorden y figuras de rostros sonrientes. Este sería el momento en que debería decir que, no obstante, ese mundo juvenil encierra un lado inquietante. El explosivo mundo de Violeta explota en felicidad serena, amor sincero y afecto desinteresado hacia los demás. Sus paneles, compuestos por multitud de figuras blancas, rojas y negras, se expanden por los muros con una invasiva tendencia a derramar el buen humor y la ternura que destilan cada una de sus figuras, vengan solas, con flores o con guirnaldas de luces de colores. Contemplar los trabajos de Violeta Caldrés es una invitación a sumergirse en los detalles filigranescos  de sus dibujos que nos miran con simpatía, y también una gran ocasión para que, cuando nos alejamos del detalle y observemos el conjunto, respirar hondo y sentir agradecimiento por recibir tan positivas y generosas vibraciones.

 JAVIER GONZÁLEZ DE DURANA

Entrevista realizada a Violeta Caldrés por Javier González de Durana, Director Artístico de TEA (Tenerife Espacio de las Artes) con motivo del desarrollo de su proyecto “HALAL LOVE HARAM” dentro del museo y que ahora se presenta en la galería NUBLE de Santander.

* Tu proyecto Halal LOVE Haram reflexiona sobre el enriquecimiento de dos culturas diferentes al ser compartidas y respetadas tal cual son, ¿qué recursos, visuales o de otra naturaleza, pones en funcionamiento para conseguir esa reflexión?

A partir de mi línea de trabajo que se basa en el dibujo recortado y ensamblado, trato de crear con la ayuda de materiales de la vida cotidiana de ambas culturas obras que partan directamente de su imaginario doméstico y sociocultural. Como ejemplo, la utilización de marcos de flores que retratan y hacen divino lo pagano, recogidas de la imaginería religiosa del sur de la cuenca mediterránea europea. Además estas flores de tela las usan muchísimo la gente de algunos países árabes de un modo casi barroco para decorar sus casas y enmarcar espacios íntimos del hogar. También hago lo mismo respecto a la iconografía de las imágenes que dibujo. Es una mezcla constante de símbolos de una cultura y de otra que se unen de una manera sensual, con bastantes toques de ironía y humor, para retratar las facilidades y dificultades de los dos mundos al ser compartidos.

* En lengua árabe “halal” significa “permitir” y “haram”, “prohibir”, entre ambas has colocado el inglés “love”, ¿de qué manera crees que tu trabajo artístico ayuda en la superación de contradicciones culturales que a veces son muy profundas y ancestrales?

Es cierto que las contradicciones existen entre estos dos mundos y también es cierto que hay mucha gente que lucha porque la balanza se equilibre de algún modo. El amor al fin y al cabo en mi proyecto es el nexo de unión que equilibrala balanza. Dehecho una de las obras que he realizado es una representación contemporánea de Libra, equilibrando la balanza entre las religiones más poderosas de oriente y occidente a través del amor como eje de sujeción de toda relación.

* Tu mundo iconográfico es muy colorista e invita a una actitud alegre y optimista; su reparto mural en figuras separadas entre sí parece sugerir una voluntad expansiva -de llegar tan lejos como se pueda- y cada figura es una mezcla de collage y acción directa sobre el muro, ¿hay una narración que unifica todas esas figuras?

La narración que planteo es la de la vida misma: vivimos en un “mundo lleno de fueguitos” como decía Eduardo Galeano, y esos fueguitos se dan calor unos a otros…Por lo tanto el modo de expansión es poder llegar al corazón de las personas a través también de sus diferentes culturas, para hacer de este un mundo mejor.

* ¿Qué expectativas de futuro y qué tipo de repercusiones sociales crees que tendrá este proyecto que ahora nos planteas?

Lo que posteriormente espero es que el proyecto que se muestra ahora por primera vez en la galería NUBLE de Santander y que he realizado en estos últimos meses en el museo de arte contemporáneo TEA (Tenerife Espacio de las Artes) con motivo de una beca de residencia allí mismo “ARTERIAS VISUALES”, siga en marcha y no se quede solamente en occidente, pudiéndose mostrar también en países árabes para confrontar nuevas ideas y ver el proyecto desde otro punto de mira, reflejando una realidad cada vez más cotidiana en nuestros países, como es la mezcla de culturas que se está produciendo a causa de la inmigración norafricana. Hacer reflexionar sobre las nuevas sociedades “mixtas” occidentales y su repercusión social también en el mundo árabe,  es uno de los objetivos. Dar voz a oriente desde oriente, en este caso, podría ser una segunda parte del proyecto “HALAL LOVE HARAM”: “EL HARÉN AL OTRO LADO”.

* Ante la conflictividad política que se está viviendo en el Norte de África durante estas últimas semanas, ¿se está viendo influida tu obra por este motivo? Caso de que así sea ¿de qué modo?

Indirectamente casi todo lo que vivo se traslada a mi obra. Y ahora en este caso también las revoluciones sociales que se están produciendo en los países árabes del norte de África, en las que el camino a la igualdad empieza a no ser una quimera para tantos millones de personas.

Nada es gratuito y surge de la nada, mi vida está día a día conectada con el mundo árabe por estar casada con un chico marroquí y ese cambio positivo se está viendo trasladado a mi obra al igual que mi vida personal también se traslada a ella. Al fin y al cabo ellos luchan por lo mismo que yo: desear un mundo mejor, pero desde una perspectiva diferente.

Es como si todo lo que está sucediendo fuera como una reacción en cadena. Ellos se manifiestan y yo también, ellos luchan por un país en paz y en igualdad de condiciones y yo también, ellos se refieren a la política social y yo a la política de género. A la política íntima y cotidiana que pueden vivir personas que se unen de un mundo y de otro y comienzan una revolución social doméstica que luego se pueda trasladar a otros ámbitos sociales de nuestras vidas para cambiar viejas y caducas estructuras de comportamiento y llegar a vivir en igualdad.

Yo creo siempre en positivo, y si me comunico de esa manera a través del arte es para llegar a la parte más emocional y humana de todos nosotros y de todos ellos, y si ellos son felices yo me sentiré feliz también, como persona y como artista porque habré creado un vínculo más, para avanzar hacia un mundo mejor.

“NI EVAS NI ADANES”

GALERÍA NUBLE C/DAOÍZ Y VELARDE, 26. SANTANDER

11 NOVIEMBRE AL 4 ENERO   Exposición colectiva:

Violeta Caldrés -Pablo Burgos-  Antonio Díaz Grande- Marco Fagundes Vasconcelos- Carmen García Bartolomé- Paco Guillén- Ángeles Agrela

La cultura occidental de ascendencia cristiana debe al Génesis, con la creación de los arquetipos de Adán y Eva, la leyenda original sobre el establecimiento de dos sexos y, en concordancia con ellos, dos géneros que representan dos maneras opuestas de estar en el mundo y de vivir nuestro cuerpo, incluidos sus deseos. La cultura patriarcal, guiada por este pensamiento, ha instituido un culto a las categorías duales de pares opuestos, de manera que toda actitud o comportamiento debe encajar en uno u otro extremo: hombre/mujer, masculino/femenino, sujeto/objeto, bien/mal, etcétera. Todavía hoy, sorprende leer en el diccionario de la Real Academia de la Lengua que masculino equivale a ‘varonil’ y ‘enérgico’ mientras reserva para lo femenino los calificativos de ‘débil’ y ‘endeble’. La identidad générica, asignada de acuerdo con nuestro sexo biológico, se ha constituido en un patrón homogéneo, inalterable y cerrado, regido por una lógica binaria de carácter excluyente que se repite una y otra vez. Lo otro quedaba -y sigue quedando- fuera de un canon heteronormativo que no sólo afecta al género o al sexo, sino también a razas y etnias e incluso a la posición económica y social de cada cual. Las imágenes y el lenguaje han contribuido también a la reproducción y difusión de tales estereotipos, bajo el influjo de las tecnologías de control.

A partir de los años sesenta, los análisis feministas, los estudios gays y lésbicos y, ya en los noventa, las teorías queer han intentado desmontar la relación causal entre sexo y género, afirmando que la identidad es una construcción cultural y lingüística de marcado carácter ideológico, que se encuentra mediada por las relaciones de poder y que lejos de concretarse como algo rígido o definitivo, se define más bien por su carácter nómada, inestable, flexible y abierto.

Detrás de la identidad genérica no se esconde ninguna verdad inmutable. Judith Butler advertía que el género constituye una puesta en escena, un acto performativo, una mascarada, una representación aprendida que se perpetúa mediante la repetición ritualizada de estereotipos y modelos (algo así como la copia de una copia). El arte feminista, así como el activismo drag y las prácticas transgénero posteriores han puesto en tela de juicio, desestabilizado y erosionado cualquier pensamiento único dando cabida a voces diferentes, alternativas, minoritarias, orilladas o silenciadas; identidades que traspasan las barreras normativas del patriarcado y su peligroso determinismo biológico y comportamental.

Entre el hombre masculino y la mujer femenina existen infinitas variaciones de subjetividades ricas en matices que escapan a las heterodesignaciones genéricas que hemos heredado, sobre algunas de las cuales esta exposición se propone reflexionar. Las contorsionistas de Ángeles Agrela, por ejemplo, son personas formidablemente flexibles, capaces de hacer con su cuerpo lo imposible, mientras que la joven que porta un enorme sillón rojo de Carmen García Bartolomé es mucho más fuerte de lo que cabía esperar. Marco Fagundes Vasconcelos ofrece un interesante giro lingüístico para presentarnos la mascarada de su tía, que en realidad es un hombre, y Pablo Burgos explora la inestabilidad identitaria a través de la figura del cruiser. Otras obras aportan una visión más ácida del binomio sexo/género, como sucede con los matrimonios a los treinta y a los cincuenta de Antonio Díaz Grande, que pervierten cualquier intento de mitificar los roles de género, mientras Violeta Caldrés ironiza sobre cómo las relaciones de poder se explicitan también en nuestra sexualidad, al más puro estilo foucaultiano. Los dibujos de Paco Guillén, por su parte, abordan cuestiones relativas a la identidad humana, pero sin adscribirla a ningún sexo ni género en particular.

Los artistas que vertebran esta cita colectiva han recurrido a un soporte tan frágil, dúctil y delicado como la propia noción de identidad, el papel, en forma de dibujos, recortables y collages, además de un par de piezas tridimensionales que desarrollan planteamientos expresados también sobre el papel. El dibujo es un medio situado al margen de las normas y reglas que habitualmente se aplican a las llamadas ‘artes mayores’. Promesa de algo (la gran obra), su importancia radica en el proceso, en el instante, en el ahora; y comparte con las representaciones genéricas ese carácter no definido, no acabado, poco afín a las clasificaciones y, sobre todo, un increíble potencial para la expresión libre.

”PLAY” Violeta Caldrés – GALERÍA LUIS GASPAR MADRID  12-09

Comisariado por Carlos Primo

Inauguración 10 de diciembre del 2009, en la Galería Luis Gaspar C/ Alameda 16, 28014, Madrid (detrás del Caixa Forum) a partir de las 20:00 horas.

Caleidoscopio y juego de espejos, la obra de Violeta Caldrés despliega ante nuestros ojos las infinitas complicaciones de la identidad y sus múltiples reflejos. Con sus formas ambiguas, su poderoso cromatismo y su inquietante complejidad, estos dibujos y recortables parecen surgidos del caos y, sin embargo, dan forma a una imagen definida y esclarecedora de las topografías íntimas de la vida contemporánea.

El título del proyecto, “Play”, es enormemente ilustrativo. Las relaciones de poder, las transacciones sentimentales, el amor como moneda de cambio y la fisicidad de las emociones son asuntos representados en forma de asunción de roles, de reglas pactadas, de juego infantil –en definitiva- para adultos. No es casual tampoco que el recortable se convierta aquí en soporte expresivo: las piezas se montan, se desmontan, se combinan entre sí y son intercambiables. Sin embargo, no hay ningún tipo de ingenuidad; el juego es la actividad más seria que existe y, en la obra de Violeta Caldrés, el juego tiene connotaciones nada triviales. La crisis económica y social que impregna todo afecta también al modo en que el hombre y la mujer capitalizan su cuerpo, su deseo y su sexualidad. Lo sexual –por ejemplo, lo genital- tiene en estos dibujos una fuerte presencia, y cumple dos objetivos; por un lado, subraya de manera exultante la importancia vital de esta dimensión humana y, por otro, cosifica el cuerpo para convertirlo en herramienta de negociación, en mercancía y en generador de oportunidades.

En sus dibujos, Violeta Caldrés busca sobre todo la autenticidad, lo inmediato y la comunicación directa con el espectador a través de la recreación de escenas cotidianas y simbólicas. Aquí lo que importa es el gesto –perfectamente depurado, por otro lado- que se transforma en escritura, en caligrafía íntima, en puesta en práctica de un lenguaje ya consolidado y con entidad propia. De hecho, el criterio que prevalece en estas obras es el de lo comunicativo, lo compartido, lo comprensible. La obra de Caldrés tiene mucho que ver con el arte popular, con claves icónicas manejadas durante siglos en culturas muy diversas. En ese sentido, nos encontramos ante una artista muy española, con lo que este adjetivo contiene de directo, pasional, emocional y, también, de asunción de distintas tradiciones iconográficas: la imaginería hindú –por ejemplo, en la disposición de los cuerpos- o el folclore árabe son influencias atípicas que proporcionan a estas obras una profundidad que, sin embargo, va mucho más allá de un simple pastiche multicultural. Muestra de ello es su delicado cromatismo casi finisecular –un poderoso contraste de rojo y negro sobre fondo siempre blanco- y, sobre todo, la enorme eficacia de su lenguaje. Lo bueno y lo malo, lo noble y lo indigno, lo feliz y lo trágico, lo infantil y lo erótico participan en este baile de máscaras que es “Play”, en esta infinita variedad basada siempre en componentes fácilmente identificables por todos: el cuerpo, el sexo, la mirada, el corazón o el dinero. Pasen, vean y reconózcanse.

Carlos Primo

La virginidad de la atención

La palabra desnuda se abre húmeda a la tentación cromática.Sugerentes siluetas perfumadas de erotismo liban la claridad de la inocencia, y el pulso del deseo exhala la meditación del color.El mundo de Violeta Caldrés explora los acentos fértiles de su volcán expresivo. Respira juventud, susurra preguntas, ríe orgasmos, estimula la reflexión.Cada cuadro es una voz aprendiz del verso, una mirada que busca su espejo. De la sensualidad de los encuentros, ofrece el gesto contagioso, la contemplación sin censura, sin egos persuasivos. La idea atrevida es el equilibrio entre lo sensible y lo efímero, entre el sentimiento y el placer.Su obra es un viaje palpitante y gozoso: Amarse y amar. Somos amantes de nuestro sexo, amantes de lo fugaz extraordinario que deposita su explosiva ternura en la quietud del pensamiento.Estimulantes sensaciones componen el idilio de Violeta Caldrés con la experimentación. De su éxtasis nace su propuesta estética.Su arte amanece íntimo por el horizonte de la globalización. Sigamos su trayectoria ascendente, luminosa y libre.                                                                                                             Jesús Ramos

“TELEPASIONES Real Love” Galería Benito Esteban, Salamanca Mayo 2010.

Comisariado por: Marta Fernández Núñez y Carlos Primo.

[… La vida no se parece al arte, si no a la mala televisión..]

Mujeres y maridos (Husbands and Wives), 1992

Director: Woody Allen

Una vez más, la artista plástica Violeta Caldrés (A caballo entre Freud, Lacan, el simulacro y la parodia) vuelve a plantearnos, bajo el titulo de “TELEPASIONES Real Love” algunas de las cuestiones más mordaces y cáusticas acerca del amor y sus convenciones: ¿Son amor y sufrimiento sinónimos indisolubles? , ¿Y si pudiéramos despojar a los roles sexuales de su artefacto cultural?, ¿Acaso existe un objeto puro de deseo?

Efectivamente, desde que el tiempo –in illo tempore- fue considerado algo digno de cuantificación, los conceptos de Amor, Sexo y Eros (Desde los Tabúes samoanos respecto al ombligo, pechos marchitos o la dictadura de la silicona)  no han dejado de vincularse a las llamadas “Modas Culturales”, mutando con ellas.

Por desgracia, y aunque alguna vez Woody Allen quisiese verbigracia: “Acabar de una vez por todas con la cultura”, dramáticamente, esto también significaría la destrucción de uno de sus placeres favoritos: el erotismo. De ahí, que análogamente a nuestro director y actor, Violeta Caldrés, en un ejercicio de “Tele-deconstrucción” y mediante dibujos recortables, aspire a semejante fin, y parodie la mirada ingenua del niño, como metáfora de la inocencia perdida, para despojar de su disfraz cultural el mundo de los tópicos tele-novelescos.

De esta forma, y mediante objetos casi guerniquianos, la artista, nos ofrece una visión delirante sobre el Universo de los Culebrones: atmósferas sexistas, sadomasoquismo implícito,  e incluso a veces, relaciones zoofílicas. A partir de aquí, nos mostrará la faceta más frívola y corrosiva de un corpus estético anodino y a veces hasta ridículo. En el cual, tanto hombres como mujeres, son las dianas de los afilados dardos de un destino  cruel y despiadado, que no les permite salir más allá de las dos dimensiones de la pantalla para toparse con la verdadera realidad.

Marta Fernández Núñez

Con Telepasiones. Real Love, la artista Violeta Caldrés prosigue su indagación conceptual y formal en torno a la temática íntima y psicológica que es ya característica de su trabajo. En esta ocasión emplea un doble prisma: la realidad está contemplada a través del espejo deformante de las telenovelas, ese subproducto televisivo que ha constituido la educación sentimental de varias generaciones. Con sus narraciones edulcoradas y melodramáticas acerca de la vida, y su concepción del amor como vía crucis, estas historias han contribuido a consolidar roles y estereotipos que aún hoy son perceptibles en el modo en que hombres y mujeres del mundo latino entienden las relaciones personales. Violeta Caldrés lleva a cabo una lectura personal y autobiográfica de estos relatos hiperbólicos y llenos de patetismo, y el resultado es, como siempre, impactante y enormemente comunicativo.

Nos encontramos ante una nueva incursión en los temas que son ya habituales en esta artista: el amor, el sexo y las relaciones como herramienta de poder y como moneda de cambio. En las telenovelas, en las que las diferencias sociales entre los amantes son en ocasiones la base del argumento, este problema adquiere dimensiones casi trágicas. Por otro lado, del contexto televisivo la artista ha tomado distintos elementos -los personajes, las historias y, sobre todo, el título-  que altera y transforma en metáforas visuales yuxtapuestas y a veces interpretadas de manera literal; en ellas, por ejemplo, la sangre deja de ser emblema metafísico de la pasión para adoptar la forma líquida y tangible de una transfusión.

La técnica es la ya habitual en el trabajo de Violeta: recortables y dibujos de inspiración bidimensional y fuerte vocación simbólica. Los recortables expresan la idea de juego, que está presente en toda la obra. De hecho, la autora define su proyecto creativo como un “juego de adultos“. Freud decía que toda creación surge del juego, y algo de eso hay en estas obras, que combinan lo infantil, lo explícito, lo irónico y lo visceral en una hoguera plástica de innegable atractivo

El repertorio visual e iconográfico de Violeta Caldrés sigue presente en estas obras de manera rotunda: símbolos procedentes de la cotidianeidad, imágenes extraídas de tradiciones culturales muy diversas y un marcado contraste cromático entre el negro, el blanco y el rojo. Ingenuos, inocentemente literales, los símbolos que emplea Violeta Caldrés son, ante todo, comunicativos. Nos invitan a reflexionar sobre el poder retórico del lenguaje, sobre la dimensión política de los sentimientos y sobre el valor monetario y social de las narraciones sentimentales.

En el fondo subyace una clave autobiográfica respecto a una creadora que siempre creyó que su vida parecía una telenovela y que ha convertido el amor, el sexo, las pasiones y el poder en el eje vertebrador de su obra. A través de estas representaciones hiperbólicas y ultra pasionales de la realidad, Violeta Caldrés analiza el modo en que transformamos inconscientemente lo cotidiano en novelesco y construimos un relato coherente que ordene y ponga sentido en el caos, la confusión y la incoherencia inherente a la vida contemporánea.

Carlos Primo

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